Qué consideramos adaptación
Reutilizar la infraestructura eléctrica existente, cambiar temperaturas de color, reprogramar escenas y sumar control por horarios o presencia. También entra el ajuste de ópticas sobre artefactos que ya están montados.
Cada edificio impone sus propias condiciones: altura de cielorraso, orientación de fachada, horarios de uso y normativa. Acá reunimos los escenarios donde una misma idea de luz se resuelve distinto.
Cada edificio llega con su propio historial: normativa de patrimonio, cielorrasos intervenidos, instalaciones que ya no coinciden con los planos. Antes de mover una sola luminaria, dejamos por escrito qué entra en la adaptación y qué queda afuera, para que nadie discuta después lo que nunca se acordó.
Reutilizar la infraestructura eléctrica existente, cambiar temperaturas de color, reprogramar escenas y sumar control por horarios o presencia. También entra el ajuste de ópticas sobre artefactos que ya están montados.
Obra civil, refuerzos estructurales, tendido de nuevas líneas de alimentación y trámites ante organismos de patrimonio. Si el proyecto los necesita, se cotizan y gestionan como etapa aparte, con su propio responsable técnico.
Los cálculos de ahorro energético se apoyan en el consumo declarado por el cliente y en relevamientos propios. Si los tableros no están identificados o faltan planos, la estimación se entrega como rango y no como valor único.
Las escenas se entregan documentadas y con respaldo de la programación. Cambios de horarios, ampliaciones de sala o reemplazos de equipos por otros modelos no están cubiertos por la garantía de puesta en marcha.
Los tiempos de instalación dependen de la disponibilidad del espacio: un hotel trabaja por franjas, un centro cultural entre funciones. Los cronogramas se acuerdan con el responsable del edificio y se ajustan si aparecen eventos imprevistos.
Las fotos de obra y los datos de consumo se usan solo con autorización escrita. Si el cliente pide reserva total, el proyecto no aparece en el portfolio ni en publicaciones del estudio.
Estas condiciones se revisan en cada propuesta y pueden variar según el tipo de edificio. Cualquier duda sobre qué corresponde a una adaptación puntual se resuelve por escrito antes de comenzar los trabajos.
Cada edificio llega con su propia lista de problemas: una fachada que desaparece de noche, un salón que cambia de uso tres veces por semana, un piso de oficinas que pelea con el sol de la mañana. Estos son los frentes donde trabajamos con más frecuencia.
Lectura nocturna de cornisas, balcones y basamento. Definimos temperatura, haz y horarios de apagado para que la esquina se entienda desde las dos veredas sin invadir los interiores.
Escenas guardadas para ensayo, función, palabra y mantenimiento. El operador cambia de atmósfera sin mover equipos ni rearmar el plano cada vez que cambia la programación.
Zonificación por anillos paralelos a la ventana, sensores de luz natural y detectores de presencia. Menos deslumbramiento en los puestos cercanos al vidrio y menos horas de encendido innecesario.
La luz exterior no debería entrar a la habitación. Trabajamos con recortes, viseras y ángulos cerrados para separar la presencia pública del frente del descanso de los huéspedes.
Cuando la superficie es original, la luz indirecta y las temperaturas cálidas evitan lavar texturas. Preferimos reforzar el plano antes que cubrirlo con un baño parejo.
Dejamos planos de luminaria, fichas técnicas y accesos previstos para que el recambio no dependa de nosotros. Un esquema que no se puede mantener termina apagado.
Si tu caso no encaja en ninguno de estos frentes, igual conviene verlo. Revisá cómo encaramos cada etapa en nuestro enfoque de trabajo o mirá los formatos disponibles en planes.