Desde la primera visita al edificio hasta la puesta en marcha, cada etapa tiene entregables concretos, tiempos estimados y decisiones que conviene tomar en orden. Acá contamos qué esperar en cada tramo.
Cada trabajo arranca con una recorrida y termina con una carpeta de planos y escenas. Entre esos dos puntos hay mediciones, pruebas en obra y ajustes que casi nunca se ven en la foto final. Esta es la secuencia real que seguimos con fachadas, salas y oficinas.
Semana 1
Visitamos el edificio o la sala, tomamos medidas de alturas útiles y registramos cómo entra la luz natural durante la mañana y la tarde. En fachadas como la del Hotel Dorrego también revisamos el estado del revoque antes de definir cualquier proyector.
Semanas 2 a 3
Armamos plantas con ubicación de luminarias, temperaturas de color y ángulos. Para espacios culturales definimos primero las escenas —ensayo, concierto, palabra— y después elegimos equipos que puedan cumplirlas sin mover nada entre funciones.
Semanas 4 a 6
Entregamos planos de montaje, esquemas de tablero y una estimación de consumo por zona. En oficinas con fachada vidriada, como el piso de Retiro, este paso incluye el zonificado por anillos paralelos a las ventanas y la lógica de sensores.
Semanas 7 a 10
Coordinamos con el electricista y el contratista general. Las pruebas de fachada se hacen de noche, con la calle en su estado habitual, para ver cómo se lee la esquina desde las dos veredas. Ahí se corrigen ángulos y se ajusta la intensidad.
Semanas 11 a 12
Programamos los controles, dejamos las escenas guardadas y capacitamos a quien va a operarlas. La entrega incluye un instructivo simple para mantenimiento y una revisión a los treinta días para ver cómo se comporta el sistema con el uso real.
Estas son las definiciones que usamos en AlenVision cuando hablamos de etapas, entregables y alcances. Sirven para que nadie interprete de más ni de menos lo que firmamos.
Una etapa se considera terminada cuando el documento técnico correspondiente está aprobado por escrito. Los cambios pedidos después de esa aprobación se tratan como una revisión nueva, con su propio tiempo de trabajo.
Trabajamos sobre planos y visitas al sitio. Si el estado real del cielorraso, las canalizaciones o el tablero eléctrico no coincide con lo documentado, el ajuste se conversa antes de seguir y puede mover el cronograma.
Cuando el proyecto depende de un consorcio, un estudio de arquitectura o una comisión de patrimonio, los tiempos de aprobación no quedan bajo nuestro control. Los marcamos como "en espera externa" y no los contamos dentro del plazo de diseño.
La puesta en marcha incluye la programación de las escenas previstas en el proyecto. Ajustes de intensidad o temperatura pedidos semanas después, por cambio de uso del espacio, se cotizan aparte.
Especificamos por prestación técnica, no por marca. Si el cliente ya tiene luminarias compradas o un proveedor fijo, revisamos compatibilidad antes de comprometer fotometría y temperatura de color.
Los planos y fotos de obra son del cliente. Publicamos material del proyecto en el portfolio solo con autorización previa, y podemos acordar embargos de difusión hasta la inauguración.
Cualquier duda sobre estos puntos se resuelve por escrito antes de firmar la propuesta. Preferimos aclarar de entrada antes que discutir a mitad de obra.
Cada proyecto de iluminación arranca con una visita al lugar y termina con una puesta en marcha acompañada. Entre medio hay mediciones, pruebas de temperatura de color y ajustes que suelen resolverse en obra. Estos son los cinco tramos que ordenan el trabajo, tanto en una fachada sobre Avenida Dorrego como en una sala cultural con cielorraso técnico.
Recorremos el espacio con el cliente y el equipo técnico. Anotamos superficies, alturas, horarios de uso y qué molesta hoy: reflejos en vidrieras, zonas oscuras, consumo alto.
Definimos intención, temperaturas de color y capas de luz. Para fachadas trabajamos con haces estrechos sobre cornisas; en interiores, con luz indirecta y control de deslumbramiento.
Entregamos planos de ubicación, esquemas de circuitos y estimación de consumo. Si el cielorraso no admite perforaciones nuevas, buscamos soportes alternativos antes de cerrar.
Acompañamos la instalación y hacemos pruebas nocturnas o con sala vacía. Ahí se corrigen ángulos, se ajustan escenas y se verifica que la luz no invada habitaciones ni puestos de trabajo.
Programamos escenas, dejamos instructivo de operación y volvemos a las semanas para revisar cómo se comporta el sistema con el uso real. Si algo no cierra, se retoca.
Planos si existen, fotos del estado actual y una idea de los horarios en que el espacio funciona. Con eso el relevamiento se resuelve en una sola visita.
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