Relevamiento antes de proponer
Visitamos el edificio, medimos aportes de luz natural y revisamos instalaciones existentes. Sin ese paso, cualquier esquema de iluminación queda como una idea linda que después no cierra en obra.
Antes de mover una luminaria hay relevamiento, mediciones y acuerdos con el estudio de arquitectura. Acá contamos el orden real de las etapas, qué necesitamos de cada cliente y en qué momentos conviene tomar decisiones para no rehacer obra.
En AlenVision no improvisamos sobre la marcha. Cada etapa deja algo concreto sobre la mesa: mediciones, planos de luz, pruebas en obra. Estos son los puntos donde nuestros clientes notan la diferencia.
Visitamos el edificio, medimos aportes de luz natural y revisamos instalaciones existentes. Sin ese paso, cualquier esquema de iluminación queda como una idea linda que después no cierra en obra.
Entregamos documentación clara para el electricista, el arquitecto y el cliente. Cada luminaria tiene posición, ángulo y temperatura definidos, así no hay sorpresas en la puesta en marcha.
Un hotel no necesita la misma luz a las 8 de la mañana que a las 23. Programamos escenas según la actividad del espacio, no según un catálogo genérico de efectos.
Zonificamos circuitos, sumamos sensores y elegimos luminarias con buen rendimiento. Después comparamos consumos antes y después para saber si el cambio valió la pena.
Estamos presentes en los momentos críticos: montaje de barrales, ajuste de proyectores, primeras pruebas nocturnas. Corregir en el momento cuesta menos que volver después.
Dejamos un documento simple con escenas guardadas, mantenimiento básico y qué hacer si algo falla. El espacio sigue funcionando aunque nosotros ya no estemos ahí.
Si querés ver cómo aplicamos esto en casos concretos, podés recorrer el estudio o escribirnos desde contacto.
Cada encargo arranca con una visita al edificio y termina con la puesta en marcha de las escenas. Entre esos dos momentos hay mediciones, planos, muestras y ajustes en obra. Esta es la secuencia que seguimos en AlenVision, con los hitos que el cliente ve y los que no.
Semana 1 a 2
Recorrido nocturno por la fachada o el interior, medición de niveles con luxómetro y registro fotográfico de los puntos críticos. Revisamos tableros, canalizaciones existentes y altura útil de cielorraso. De acá sale un informe corto con lo que se puede reutilizar y lo que conviene reemplazar.
Semana 3 a 5
Plano de luminarias, cálculo de temperaturas de color y propuesta de tres o cuatro escenas según el uso: acceso, trabajo, evento, mantenimiento. Se define qué se controla por sector y qué queda fijo. En esta etapa el cliente aprueba la intención antes de que se compre cualquier equipo.
Semana 6 a 8
Montamos una luminaria de prueba en el lugar real, de noche si es fachada. Ahí se ve cómo responde el revoque, el vidrio o la madera a la luz elegida. Si el haz no cierra, se corrige el ángulo o la potencia antes de cerrar el pliego. Es el paso que evita sorpresas en la compra.
Semana 9 a 14
Entrega de planos de montaje, esquemas unifilares y planillas de control. Acompañamos al electricista en el trazado y verificamos soportes, canalizaciones y puesta a tierra. Las demoras típicas aparecen acá: cielorrasos que no se pueden perforar, tableros sin reserva o andamios compartidos con otros gremios.
Semana 15 a 18
Enfoque fino de cada proyector, calibración de sensores de luz natural y carga de las escenas en el sistema de control. Capacitamos al personal que va a operar la sala o el edificio. Cerramos con una recorrida nocturna y un manual breve de uso.
Mes 6
Volvemos a los seis meses para revisar consumo, desgaste de equipos y cómo se está usando realmente cada escena. Casi siempre hay que reajustar horarios o intensidades porque el edificio cambió su rutina. Ese retorno es parte del trabajo, no un extra.